sábado, 21 de junio de 2008

Proceso de escritura del ensayo

No fue muy difícil seleccionar el tema para el ensayo final. Los límites en la ética del género crónica es una idea que estuvo presente en la reflexión que hice hace algún tiempo para ese bloque, aunque no fue desarrollado en su totalidad. Si bien una de las consignas para el ensayo era la preparación de una estructura, un planeamiento previo, no hice más que sentarme frente a mi computadora y comenzar a escribir al respecto. Dejé que los pensamientos fluyan y que la conexión de las citas se dieran de forma casi natural. Ninguna de las líneas eran planeadas, simplemente aparecían. Con el transcurrir de los párrafos fue confirmando que no sería posible encontrar una respuesta concretamente frente a esa problemática, ya que en cada una de las crónicas leídas en el marco del libro La argentina crónica, me presentaban diferentes visiones acerca de los límites éticos o morales de los periodistas que narraron esos hechos. Sin embargo, al reflexionar acerca de la forma en que yo misma habría escrito esa historia, me enfrentaba con un gran dilema. ¿Cómo contar esa misma historia de otra forma? ¿Cómo no caer en los mismos espacios comunes donde el relato no fuera atravesado por mi propia subjetividad? Frente a temas tan polémicos como fueron el caso de Romina Tejerina, el caso Poblete o Las hermanas satánicas, estas preguntas me fueron mucho más difíciles de responder. Sin embargo, esto no me sucedió al repensar crónicas como Operación Ja Ja o A caballo de la fe.

Esa moneda

Un ventanal envuelto con cortinas blancas y llenas de flores. El fuego de una vieja estufa da una sensación agradable a pesar del frío que puede sentirse a través de la ventana.
Mi madre se encuentra sentada frente a mí. Ni ella ni yo pronunciamos una sola palabra. La habitación parece conocida, se asemeja a aquella casa de mi infancia. Miro cada detalle para intentar comprender la escena, pero no lo logro. Tengo una profunda sensación de incertidumbre, no comprendo que hago allí, porqué regresé a ese lugar al que no quiero volver.
De repente aparece otro personaje al que no es posible verle el rostro, se encuentra de espaldas y con una capucha en su cabeza. Le pregunto a mi madre quién es ese hombre pero no me responde.
Comienzo a experimentar una gran angustia, un fuerte temor frente a esta situación tan confusa. El hombre continúa sin darse vuelta y mostrar su rostro a pesar de mi llamado. Observo detenidamente cada objeto tratando de identificar el lugar y de repente ya no parece ser la misma habitación. Esta vez se trata del living de mi nueva casa. Las paredes están pintadas de un color diferente pero aún así parece ser mi hogar. Un pequeño mueble lleno de retratos hace más familiar aún la habitación. Camino hacia esos cuadros para ver la imagen que hay en las fotos, pero no son aquellas que imaginé sino fotos de personas que no conozco. La escalera que conduce a las habitaciones se ve algo diferentes, sus escalones están cubiertos de una alfombra verde, como aquella que tenía cuando entre a la casa por primera vez.
Escucho ladridos de perros y me asomo por la ventana que se encuentra al final de la habitación. Busco a los animales pero no logro encontrarlos. De repente ya no se oyen y el silencio reina en el lugar. Dejo de mirar por la ventana y cuando giro mi cabeza me encuentro nuevamente con mi madre sentada en un extremo de la mesa junto a ese personaje misterioso al que no le he podido ver su rostro. Pregunto de quién se trata y esta vez recibo una respuesta de mi madre, que me dice que trata de mi hermano. ¿Qué hace ahí sentado y con esa capucha? Le pregunto. Me mira fijamente y sólo se sonríe. Dejo de sentir esa sensación de incertidumbre y el temor aumenta rápidamente. Comienzo a pronunciar el nombre de mi hermano repetidamente hasta que logro que gire su cabeza. Esta vez sí puedo verle el rostro y compruebo que se trata de él, aunque al parecer unos años más joven de lo que es actualmente. ¿Qué haces así? Le pregunto. “Mirá como me destrozaron la moneda” me dice. Su respuesta no hace más que confundirme. Sigo sin entender lo que sucede. ¿Qué moneda? ¿De qué hablas? Abre su mano y me muestra una moneda vieja, esas que ya no sirven y repite la misma frase “Mira como me destrozaron la moneda”. Trato de entender qué es lo que intenta decirme y miro a mi madre intentando encontrar respuesta, sin embargo sólo sonríe. La sensación de incertidumbre me invade. Me acerco a mi hermano y le repito “No te entiendo. ¿De qué hablas? Esa moneda no sirve. ¿Quién le hizo eso a la moneda? ¿Por qué estás así? Al no recibir respuestas, comienzo a ponerme nerviosa, su mirada me asusta. En ese mismo momento despierto con esa misma sensación de angustia, sin embargo comprendo la situación, se trataba sólo de un sueño.

La ética y la moral en la crónica

Importantes debates surgen alrededor de los límites éticos que debe tener quien investiga acerca de una historia para luego plasmarla en el marco de una crónica.
Mi intención en las próximas líneas no será resolver este interrogante, sino por el contrario, plantear distintas posiciones polémicas al respecto para alimentar aún más esta discusión.
El periodista Gonzalo Sanchez, quien escribió la crónica titulada Los dueños del fin del mundo, en el libro La Argentina Crónica, Historias reales de un país al límite; responde acerca de cuáles son los límites éticos o metodológicos a la hora de investigar una historia para contarla, “No matarás”. Uno puede preguntarse entonces, qué cantidad de cosas es capaz de hacer este periodista para recaudar información para una crónica. ¿Acaso mentir, engañar, robar, no son límites que todo periodista debería tener? En la respuesta de Sanchez parecen no estar incluidos estos actos como acciones faltas de ética.
En otra esfera, Carolina Reymúndez, una licenciada en Ciencias de la Comunicación y escritora de la crónica Operación Ja Ja, en el mismo libro, contesta frente a esta pregunta “Creo que en la crónica periodística no existen límites establecidos ni soluciones exactas, como en las matemáticas. Cada cronista maneja sus propios límites cuando escribe y, por lo general, son los mismos que usa para su vida. Esta respuesta traería aparejado un conflicto con lo respondido por Gonzalo Sanchez, ya que si la frontera para éste estará dada por la ética que utiliza en su vida, “no matarás”, parece ser un tope demasiado amplio.
Una respuesta similar a la de Reymúndez, nos da Josefina Licitra, quien es responsable de la crónica llamada Y parirás con dolor, que relata nada menos que una de las historias más polémicas de la Argentina, acerca del caso de Romina Tejerina, una joven nacida en la provincia de Jujuy que mató de diecisiete puñaladas a su bebé recién nacido, el cual era producto de una presunta violación. Ella nos dice “Existen los mismo límites que uno se impone en la vida diaria. La ética es personal, y uno la lleva consigo al trabajo. Creo que lo más importante es no escribir para hacer daño, sino para contar una historia. Y después, sí, para ser fiel a la historia quizás haya que traicionar a los protagonistas (no decir lo que ellos esperan que digamos), pero no creo que eso sea repudiable. Hay, en el periodismo, y aunque parezca contradictorio, una ética de la traición que es bastante saludable.
Vuelvo al mismo punto de conflicto entonces, si la ética del cronista estará dada por los mismos límites utilizados en su vida personal, Licitra nos está diciendo que considera éticamente correcto contar un secreto que le ha confiado un amigo y que espera no revele. O bien, no decir aquello que ese amigo espera que él cuente. Por otra parte, nos enfrentamos a una contradicción en su respuesta, ya que por un lado considera que no debería ser repudiable el hecho de traicionar a los protagonistas de una historia, y al mismo tiempo sostiene que lo más importante es no escribir para hacer daño.
¿No es hacer daño hacer pública información que estos personajes desean que no sea revelada?
Sin embargo, esto puede ser enmarcado en lo que nos dice la escritora Ana María Amar Sanchez en su libro El relato de los hechos, cuando sostiene que lo real resulta siempre “traicionado” por el texto y que no es posible “reproducir fielmente” los hechos: la manera de organizar, recortar y seleccionar el material y que en todos los casos esto constituirán un modo de acercamiento y sólo una versión de los hechos.
Hernan Brienza, quien escribió la crónica A caballo de la fe, es quizás aún más tajante en su respuesta en cuanto a los límites éticos, cuando responde “Definitivamente ninguno. No hay otro límite que el que uno decide ponerse. Es una conversación de uno con su propio estómago” Si continuamos con la misma línea de reflexión, acerca de las limitaciones y su semejanza con las que cada uno usa en su propia vida, es un tanto difícil pensar en que ese límite sólo estará dado por lo que uno decide, desconociendo así cuestiones universales.
Sin embargo, en este punto no debemos olvidarnos de cual es la definición de la palabra ética, la cual proviene del griego ethos, que significa costumbre. Y allí es donde nos metemos aún más en el debate acerca de este tema, es decir, de cuáles son las “costumbres” dentro del ámbito periodístico, de querer acotarlo, entre los cronistas argentinos. Quizás la falta de orilla en la investigación periodística, y en la forma de contar la historia sea lo “normal”, lo políticamente correcto dentro del género. A su vez, es necesario diferenciar la ética de la moral, ya que en este último caso nos referimos a un conjunto de normas que se transmiten de generación en generación y que no siempre se asemejan a las normas de otras sociedades. Mientras que la ética estará más asociada con reglas establecidas en la mentalidad de cada individuo.
Desde esta diferenciación es posible sostener que lo que existe en realidad es una disputa entre la moral de quien investiga y la del lector, que no siempre irán de la mano. A partir de esto que encontraremos respuestas como la dada por el periodista Pablo Plotkin que dice “Los límites que indiquen la sensibilidad y la honestidad del narrador (…)” Es decir, esto no significa que deberá coincidir necesariamente con la ética del lector.
Juan José Saer dice en su artículo llamado El concepto de ficción que aún cuando exista una real intención de veracidad existirán obstáculos para lograr una plena objetividad, ya que nuestro relato siempre estará sujeto a la autenticidad de nuestras fuentes y a nuestro criterio interpretativo. Esta falta de objetividad también la experimentaremos como lectores de esas historias y de allí que surgirán inevitablemente, y especial frente aquellos casos que son puesto bajo la lupa de la opinión pública, debates acerca de la moral de quien es encargado de relatar ese suceso.
Algo más alejado de las respuestas presentadas hasta aquí, es la que da el periodista Emilio Fernández Cicco autor de En campaña con Duhalde y Ortega, “El dilema de los limites es terreno de la justicia. Y de los puños”, mostrando así que sus relatos no se verán acotados por ningún tipo de normativa.
Por último debo citar los dichos del escritor Esteban Schmidt quien dice al respecto “El límite más obvio en la Argentina es que nadie, ninguna empresa, ninguna cooperativa u ONG para el tiempo que lleva hacer las cosas. Eso en principio limita mucho la agenda porque los periodistas pueden narrar sobre una muy escasa gama de posibilidades, siempre atada además a no complicar la relación de esos medios con los anunciantes. Una de las derivaciones éticas que esto tiene es que los medios naturalizaron las crónicas sobre la miseria (…)
Nos encontramos con un debate más profundo aún, no sólo en lo referido a los límites morales de quien investiga acerca de una historia para luego relatarla mediante una crónica, sino de quienes manejan el negocio del periodismo y que en muchas ocasiones son los que le ponen las limitaciones acerca de lo que puede o debe ser investigado. Algo que no siempre se tiene en cuenta a la hora de leer una crónica, la cual queda asociada de forma directa con quien la escribió.
Por último creo que es necesario ver otra de las aristas de la problemática planteada y tiene que ver con la ética o moral del suceso y los protagonistas propios de cada historia. Esto muchas veces queda desdibujado en el cuestionamiento realizado acerca de quien relata el hecho. Volviendo a uno de los periodistas citados, en este caso la autora de Y parirás con dolor, Josefina Licitra, la cual escribe acerca del caso Romina Tejerina, no hace más que relatar un suceso espeluznante sucedido hacia algunos años en el norte argentino. Quizás sea más sencillo detenernos en cuestionar los límites éticos o morales del relato, sin embargo, la cronista no hace más que relatar un hecho real, el asesinato de un recién nacido por parte de su madre, que fue presuntamente violada por su vecino a la salida de un boliche del pueblo. Me pregunto entonces, si es posible relatar una historia de estas características de alguna otra forma, que no sea simplemente contando los sucedido. Me pregunto, si los límites éticos pueden ser analizados a partir de quien relata o si en realidad debemos analizarlos a partir de los protagonistas de la historia.
En cualquier de los dos casos, es decir, tanto si nos referimos a la ética como un conjunto de normas creadas por la mente de cada individuo. O si nos referimos a la moral, al grupo de leyes estipuladas por cada sociedad. En ambos casos, será muy difícil arribar a una verdad absoluta acerca de cuáles son los límites sean éticos o morales al momento de investigar, de relatar una historia. Simplemente porque los puntos de vistas serán tantos como protagonistas y lectores existan. Cada uno de acuerdo a su historia, a sus costumbres y a su ideología, estará o no de acuerdo con ello. E incluso una misma persona en el transcurso de su vida y a través de sus propias vivencias, experimentará cambios en su modo de ver e interpretar un relato. Del mismo modo, un escritor, un periodista ampliará o reducirá sus limitaciones en distintas etapas de existencia.
¿Qué límites éticos existen a la hora de investigar una historia para contarla entonces? Dependerá de cada sociedad, de cada narrador, de cada protagonista y por qué no, de cada lector.



Bibliografia
  • La argentina crónica. Historias reales de un país al límite. Selección de Maximiliano Tomas. Prólogo de Martín Caparrós.
  • AMAR SÁNCHEZ, Ana María, “El género de no ficción: un campo problemático” en El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura.
  • SAER, Juan José, “El concepto de ficción”, en El concepto de ficción, Buenos Aires, Ariel, 1996.

lunes, 16 de junio de 2008

Memoria de un espacio.

Esa vieja casa

Las paredes agrietadas sostienen aquella vieja casa. Las maderas con un tímido barniz ocultan la humedad de los cimientos y debajo de ellas cientos de recuerdos de aquellas manos que una vez colocaron cada uno de sus ladrillos.
El viento se cuela por los espacios vacíos de aquella puerta, mientras tanto aquel hombre permanece sentado en la vereda viendo a la gente pasar con sus compras de domingo.
El sonido de las oscuras baldosas rompe el silencio que hace años no existió, mientras el tiempo es marcado por el sonido de un reloj colocado sobre aquel lintel. El hombre ingresa a la casa y el olor a tabaco rodea toda la habitación. El sonido de cada pitada va al compás del viejo reloj. Sigue caminando, cruza la casa con sus habitaciones convertidas en laberintos. Allí está el patio donde aquella niñez de antaño permanece impregnada en sus rincones. Un banco de madera con los clavos fuera de lugar parece ser el sillón más cómodo. El humo del asado de cada domingo me rodea, mientras tanto los gorriones cantan como lo hicieron siempre, parecen no saber que una ausencia nos invade.
Miro a mi alrededor, mientras escucho el ladrido de esos perros de la infancia. La imagen de ese hombre de ojos claros y mirada triste ha desaparecido. Las páginas de aquel viejo diario vuelan por el patio. Ya no tiene quien los lea. El banco de manera se encuentra vacío y el ladrido de los perros se ha callado.
La lluvia hace rechinar las viejas chapas que recubren la morada. Corro hacia la casa y cuando ingreso me convierto en esa niña que una vez fui. Vuelvo a sentir el aroma del tabaco que ya no está y busco en el silencio esa voz ronca que no se oye. Camino hacia la ventana y busco aquel hombre sentado en la vereda pero ya no está. El silencio de la muerte invade aquella casa y sus paredes parecen cada vez más agrietadas. Grito con todas mis fuerzas pero nadie me oye. Las habitaciones han cambiado, o quizás sean las mismas pero se ven vacías. Busco en esa silla, la que se encuentra en el extremo de la mesa, pero no hay nadie sentado en ella. Pienso que quizás haya llegado la hora la siesta, la de todos los domingos, pero no hay nadie en esa cama.
Las paredes continúan agrietadas y recubiertas de madera. El techo continúa en su lugar y ese banco todavía está en aquel patio, sin embargo esa casa ya no es la misma. Nunca lo será.

Notas de lector. Cuentos de Carver

En los cuentos de Carver nos encontraremos con diálogos comunes que en una primera impresión parecerían no tratar temas importantes. Sin embargo, en una segunda lectura nos daremos cuenta que no es así, a pesar de referirse a situaciones cotidianas o comunes, como puede ser la borrachera de un hombre bebiendo solo en su casa, con un grupo de amigos, o incluso de desconocidos.

Nota de lector. Nota al pie

Tal como lo dice su título las notas al pie en este relato tendrán una gran importancia dentro de la historia, al referirse a fragmento de una carta escrita por uno de los personajes centrales, que ha decidido concluir con su vida. El destinatario de esta carta no es otro que el hombre de una editorial que lo contrató hace algún tiempo y gracias a quien pudo dejar de lado su trabajo en la gomería. En este punto, volverán a recobrar importancia las notas al pie, ya que el haber sido borradas por el editor, es algo que el protagonista de este cuento jamás pudo perdonar.

Nota de lector. Oficios terrestres

En este cuento nos enfrentaremos a dos historias, ambas desarrolladas en el marco de un colegio de internados que se encuentra fuera de la ciudad. La historia número 1 estará dada por el relato de la fiesta que se dará en esta institución. La segunda historia, estará protagonizada por la sensación de soledad que estos niños huérfanos experimentan diariamente. Los Oficios Terrestres nos muestra la mirada de un grupo de niños, que a partir de la pérdida de sus padres se ven obligados a enfrentarse con responsabilidades y situaciones que no son habituales a su edad. El relato de esa fiesta nos muestra un momento de gran felicidad para esos niños, algo que no viven a diario y el final de ese día, narrado a partir del recorrido de dos chicos llevando un cajón repleto de basura, representa el fin de ese momento lleno de alegrías.