El cuento se encuentra atravesado por diferentes géneros como por ejemplo el epistolar que encontramos en el párrafo número ocho cuando se relata la carta que le escribe Estela a su hermano.
A continuación encontramos un fragmento de enseñanza, cuando se cuenta brevemente la vida de Lugones y en ese mismo párrafo se muestra cuál es el tema central en el cuento, la pregunta acerca de qué es el arte.
Más adelante, en el punto número doce, tenemos un fragmento de una poesía, o del proceso de escritura de ella.
Por último, también encontramos fragmentos del diario La Tribuna, y queda marcada la relación de clases sociales con el mismo.
La primer parte de la narración será realizada en tiempo pasado, sin embargo en el párrafo número dieciséis aparecerá el tiempo presente en el mismo.
lunes, 16 de junio de 2008
Nota de lector. Esa mujer
El relato está basando en una entrevista que el autor le realiza a “ese coronel de apellido alemán”. El autor comienza marcando la insignificancia de aquella mujer en su vida a la cual se referirán en la charla, sin embargo con el transcurrir del diálogo esa poca importancia no parece ser tal.
Realiza una descripción detallista, tanto del entrevistado y sus aparentes sensaciones, como del lugar en el que se encuentra.
Durante toda la narración el escritor mantiene el misterio acerca de los personajes, no dando más detalles cuando se refiere a “esos roñosos” o incluso al referirse a “esa mujer”. Lo que lleva a que el lector pudiera pensar que esa mujer es cualquier mujer y no aquella figura tan importante en la historia argentina.
Hay varios detalles en el relato que no permite definir si se trata de una historia ficcional, un hecho real o una mezcla de ambos.
Realiza una descripción detallista, tanto del entrevistado y sus aparentes sensaciones, como del lugar en el que se encuentra.
Durante toda la narración el escritor mantiene el misterio acerca de los personajes, no dando más detalles cuando se refiere a “esos roñosos” o incluso al referirse a “esa mujer”. Lo que lleva a que el lector pudiera pensar que esa mujer es cualquier mujer y no aquella figura tan importante en la historia argentina.
Hay varios detalles en el relato que no permite definir si se trata de una historia ficcional, un hecho real o una mezcla de ambos.
Nota de lector. El hombre que ríe
El cuento es relatado en tiempo pasado por un niño de nueve años, que nos cuenta su experiencia como integrante del Club de los Comanches y la historia de “El Jefe” John Gedsudki, quien los transportaba en un micro por las calles de New York. Este es uno de los personajes principales en la historia, ya que es el encargado de relatarle, a ese niño y el resto del grupo las historias acerca de El hombre que ríe, un súper-héroe. Más adelante en el cuento aparecerá un , se trata de la novia del Jefe, y al parecer la relación de ambos y la posterior ruptura tendrán mucho que ver con el final del relato que este hombre les narraba a diario a esos niños, convirtiéndose en una segunda historia dentro del propio cuento.
Nota de lector. Un día perfecto para el pez banana
El cuento es contado totalmente en tiempo pasado y se destaca una gran diferencia entre el principio y el final del mismo. En un comienzo la historia se basa en una simple conversación entre el personaje llamado Muriel y su madre, una charla que podríamos encontrar en cualquier familia tipo, con conflictos típicos. Con el transcurrir de la historia se genera una intriga acerca del esposo de Muriel, Seymour; sobre quien se deja entrever un problema psicológico como consecuencia de la guerra en la cual participó y de la que no se da demasiado detalle.
Al aproximarse el final del cuento habrá un cambio de escenario y de velocidad en la forma de contar la historia, llegando al punto culmine del suicido de Seymour sin dar demasiado detalle del contexto en el que esto sucede.
Al aproximarse el final del cuento habrá un cambio de escenario y de velocidad en la forma de contar la historia, llegando al punto culmine del suicido de Seymour sin dar demasiado detalle del contexto en el que esto sucede.
Reflexión discurso narrativo
A diferencia de la crónica, el discurso narrativo puede contar hechos reales o imaginarios e incluso ambas situaciones pueden encontrarse en una misma narración. Uno de los personajes más importantes dentro del género, sin duda es el narrador. Walter Benjamín nos dice con respecto a este punto, que está figura está prácticamente en extinción, siendo cada vez más difícil encontrar a alguien capaz de narrarnos algo. El mismo autor añade “el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. Y aunque hoy el «saber consejo» nos suene pasado de moda, eso se debe a la circunstancia de una menguante comunicabilidad de la experiencia”. No será fácil refutar este argumento ya que no hay dudas que con el correr de los años se ha perdido esa vieja costumbre, mucho más común entre la gente de campo, de transmitir experiencias a través de la narración de historias, en general, por parte de las personas mayores del pueblo o de la propia familia.
En contraste Alvarado y Yeannoteguy indican que no hay cultura que no organice el conocimiento en forma narrativa y no lo transmita a través de los relatos.
Por otra parte, Jerome Bruner sostiene que la narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsible y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación.
Acerca del cuento, Ricardo Piglia nos dice que siempre se contarán dos historias y que cada cuento es un relato que encierra un relato secreto.
Otra de las características del discurso narrativo, es la de contar los hechos de una forma más o menos organizada pudiendo ser contada en primer, segunda o tercera persona. Walter Benjamín, nos dice que narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas y casi nada de lo que acontece beneficia a la narración y casi todo a la información. Punto con el que muchos podemos estar de acuerdo.
En contraste Alvarado y Yeannoteguy indican que no hay cultura que no organice el conocimiento en forma narrativa y no lo transmita a través de los relatos.
Por otra parte, Jerome Bruner sostiene que la narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsible y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación.
Acerca del cuento, Ricardo Piglia nos dice que siempre se contarán dos historias y que cada cuento es un relato que encierra un relato secreto.
Otra de las características del discurso narrativo, es la de contar los hechos de una forma más o menos organizada pudiendo ser contada en primer, segunda o tercera persona. Walter Benjamín, nos dice que narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas y casi nada de lo que acontece beneficia a la narración y casi todo a la información. Punto con el que muchos podemos estar de acuerdo.
lunes, 19 de mayo de 2008
Crónica del humo
“Cortina de humo”
“El humo ahoga Buenos Aires”, este es sólo uno de los títulos que pudimos leer en los portales de los diarios argentinos a partir del jueves 17 de abril.
Como todos días, me levanté a las 6 de la mañana y luego de pelearme con las ganas de permanecer en mi cama me di cuenta que apenas faltaban dos días para el fin de semana. Eso me animó un poco, aunque sólo por un momento. Bajé las escaleras y me senté a tomar mi desayuno con esa rapidez que me permite salir en horario para intentar viajar sentada hasta el correo central. Prendo el televisor y me encuentro con el titular “Humo en la ciudad” en la pantalla del conocido canal de noticias TN.
-¿Viste el humo que hay afuera?
-No. Estarán exagerando como siempre
Esas fueron las únicas palabras que el sueño nos permitió cruzar con mi hermano en medio del desayuno.
Sin darle demasiada importancia, tomé mis cosas y salí de casa lista para comenzar mi jornada laboral.
Sin esperar demasiado tomé el colectivo que me llevaría directo a la Capital Federal, sólo pasaron unos pocos minutos y apenas subimos el acceso ubicado en el conocido triángulo de la localidad de Bernal, comienzo a mirar a mi alrededor y me doy cuenta que la visibilidad es casi nula. “No se ve nada, ¿viste?” escucho que una señora sentada justo frente a mi le comenta a un joven desconocido que se encontraba a su lado intentando leer un libro en medio de la oscuridad que rodeaba el colectivo. Mientras con su mano derecha trataba de sostenerse del asiento que estaba delante de él y hacía malabarismos para sujetar el libro con su mano izquierda, sólo asintió con su cabeza y demostró así sus pocas ganas de continuar con la conversación.
En ese instante prendí mi radio e intenté obtener más información acerca de lo que estaba pasando, sin embargo, eran varios los rumores acerca del verdadero origen de ese humo impenetrable que hacía imposible ver más allá del camino de la autopista. Embotellamiento de por medio sigo escuchando mi radio. Varios focos de incendios en el Delta escucho, rutas cortadas, caminos anegados, conflictos en el tránsito. Durante unos segundos me pregunto si ese no es el panorama al que estamos acostumbrados los habitantes del Gran Buenos Aires. Continué escuchando las noticias y me di cuenta que algo más estaba pasando, no se trataba simplemente de niebla, de los accidentes de todos los días o de los habituales cortes de ruta.
Mientras intento entender qué es lo que estaba sucediendo, bajé del colectivo y emprendí mi caminata hacia las cercanías del obelisco. Empecé a sentir un ardor en mi garganta y en mis ojos. La gente pasa a mi lado tosiendo y los murmullos acerca del extraño paisaje comienzan a escucharse en los alrededores del centro porteño. “No se puede respirar” le grita un hombre que se encontraba barriendo la vereda a otro que abría la puerta de un puesto de diario. “Que se yo que carajo esto. No se aguanta” le respondió mientras sacaba uno de los tantos candados que rodeaban las puertas del puesto.
Ingresé al edificio ubicado en Diagonal Norte y al entrar a la oficina me encuentré con un panorama inédito. Todo el lugar se encontraba atravesado por una espesa nube de humo que no permitía ver con claridad los carteles colgados en los techos y que provocaba que el ardor en los ojos fuera cada vez mayor.
Sin hacer demasiado comentario, teniendo en cuenta que era la primera persona en llegar a la oficina, me senté en mi escritorio y abrí la versión digital del “gran diario argentino”. El humo era generado por la quema de pastizales en el Delta y como consecuencia de ellos, varias rutas fueron cortadas, había caos en el tránsito y ya se habían generado accidentes con víctimas fatales. Los aeropuertos permanecían cerrados e incluso los micros no partían desde la terminal de Retiro.
El pronóstico no era nada alentador y ya comenzaban a circular comunicados del Gobierno que sencillamente decían no poder hacer nada para apagar la gran cantidad de focos de incendio. Por supuesto que no me generó ninguna sorpresa leer este comentario, por el contrario, no tardé mucho en pensar que tal vez el objetivo de los incendios no era solamente la quema de pastizales como parte de un ritual agrario. Me costaba creer que luego del gran conflicto que el Gobierno mantenía con la gente del campo desde hacía varios días, esto fuera una mera casualidad.
Continúe con mi jornada y cada vez se hacía más difícil respirar dentro de la oficina. Las quejas comenzaron a circular, sin embargo, continuamos trabajando como si nada sucediera. Cumplidas mis ocho horas, salí de la oficina y me encontré con un panorama peor aún del que viví durante la mañana. Las puntas de los edificios eran consumidos por el humo y el respirar se hacía un poco más difícil.
Desde ese momento y durante varios días, debimos vivir inmersos en una espesa nube de humo, la cual además de impedirnos respirar, tampoco nos permitió ver los verdaderos motivos de esa gran quema de pastizales.
“El humo ahoga Buenos Aires”, este es sólo uno de los títulos que pudimos leer en los portales de los diarios argentinos a partir del jueves 17 de abril.
Como todos días, me levanté a las 6 de la mañana y luego de pelearme con las ganas de permanecer en mi cama me di cuenta que apenas faltaban dos días para el fin de semana. Eso me animó un poco, aunque sólo por un momento. Bajé las escaleras y me senté a tomar mi desayuno con esa rapidez que me permite salir en horario para intentar viajar sentada hasta el correo central. Prendo el televisor y me encuentro con el titular “Humo en la ciudad” en la pantalla del conocido canal de noticias TN.
-¿Viste el humo que hay afuera?
-No. Estarán exagerando como siempre
Esas fueron las únicas palabras que el sueño nos permitió cruzar con mi hermano en medio del desayuno.
Sin darle demasiada importancia, tomé mis cosas y salí de casa lista para comenzar mi jornada laboral.
Sin esperar demasiado tomé el colectivo que me llevaría directo a la Capital Federal, sólo pasaron unos pocos minutos y apenas subimos el acceso ubicado en el conocido triángulo de la localidad de Bernal, comienzo a mirar a mi alrededor y me doy cuenta que la visibilidad es casi nula. “No se ve nada, ¿viste?” escucho que una señora sentada justo frente a mi le comenta a un joven desconocido que se encontraba a su lado intentando leer un libro en medio de la oscuridad que rodeaba el colectivo. Mientras con su mano derecha trataba de sostenerse del asiento que estaba delante de él y hacía malabarismos para sujetar el libro con su mano izquierda, sólo asintió con su cabeza y demostró así sus pocas ganas de continuar con la conversación.
En ese instante prendí mi radio e intenté obtener más información acerca de lo que estaba pasando, sin embargo, eran varios los rumores acerca del verdadero origen de ese humo impenetrable que hacía imposible ver más allá del camino de la autopista. Embotellamiento de por medio sigo escuchando mi radio. Varios focos de incendios en el Delta escucho, rutas cortadas, caminos anegados, conflictos en el tránsito. Durante unos segundos me pregunto si ese no es el panorama al que estamos acostumbrados los habitantes del Gran Buenos Aires. Continué escuchando las noticias y me di cuenta que algo más estaba pasando, no se trataba simplemente de niebla, de los accidentes de todos los días o de los habituales cortes de ruta.
Mientras intento entender qué es lo que estaba sucediendo, bajé del colectivo y emprendí mi caminata hacia las cercanías del obelisco. Empecé a sentir un ardor en mi garganta y en mis ojos. La gente pasa a mi lado tosiendo y los murmullos acerca del extraño paisaje comienzan a escucharse en los alrededores del centro porteño. “No se puede respirar” le grita un hombre que se encontraba barriendo la vereda a otro que abría la puerta de un puesto de diario. “Que se yo que carajo esto. No se aguanta” le respondió mientras sacaba uno de los tantos candados que rodeaban las puertas del puesto.
Ingresé al edificio ubicado en Diagonal Norte y al entrar a la oficina me encuentré con un panorama inédito. Todo el lugar se encontraba atravesado por una espesa nube de humo que no permitía ver con claridad los carteles colgados en los techos y que provocaba que el ardor en los ojos fuera cada vez mayor.
Sin hacer demasiado comentario, teniendo en cuenta que era la primera persona en llegar a la oficina, me senté en mi escritorio y abrí la versión digital del “gran diario argentino”. El humo era generado por la quema de pastizales en el Delta y como consecuencia de ellos, varias rutas fueron cortadas, había caos en el tránsito y ya se habían generado accidentes con víctimas fatales. Los aeropuertos permanecían cerrados e incluso los micros no partían desde la terminal de Retiro.
El pronóstico no era nada alentador y ya comenzaban a circular comunicados del Gobierno que sencillamente decían no poder hacer nada para apagar la gran cantidad de focos de incendio. Por supuesto que no me generó ninguna sorpresa leer este comentario, por el contrario, no tardé mucho en pensar que tal vez el objetivo de los incendios no era solamente la quema de pastizales como parte de un ritual agrario. Me costaba creer que luego del gran conflicto que el Gobierno mantenía con la gente del campo desde hacía varios días, esto fuera una mera casualidad.
Continúe con mi jornada y cada vez se hacía más difícil respirar dentro de la oficina. Las quejas comenzaron a circular, sin embargo, continuamos trabajando como si nada sucediera. Cumplidas mis ocho horas, salí de la oficina y me encontré con un panorama peor aún del que viví durante la mañana. Las puntas de los edificios eran consumidos por el humo y el respirar se hacía un poco más difícil.
Desde ese momento y durante varios días, debimos vivir inmersos en una espesa nube de humo, la cual además de impedirnos respirar, tampoco nos permitió ver los verdaderos motivos de esa gran quema de pastizales.
domingo, 18 de mayo de 2008
Historia de escritura Crónica
Son las 9 de la mañana y el termómetro marca 20 grados centígrados a pesar de estar transitando los últimos 15 días del mes de mayo. Abro la entrevista que le realicé a Claudia Ruiz Herrera, una "artista" performance hace ya varios días. El problema a tratar no fue difícil de decidir, sólo tuve que remontarme a aquella sensación que experimenté al momento de mantener la charla. El tema giró en torno a mi cuestionamiento acerca de esta disciplina y si es posible clasificarla como verdadero arte.
El primer dato que estaba seguro no debía faltar era el de la muestra realizada en Nicaragua, la que tuvo como resultado la muerte de un animal callejero. Creo que fue en ese momento donde el rechazo hacia este tipo de "arte" me fue inevitable.
Mientras pasaban las horas y la crónica avanzada tomé varios de los folletos que me entregó mi entrevistada y observé detenidamente las fotos de las performance. Hice todo mi esfuerzo para comprender lo que allí se quería mostrar, sin embargo no lo logré. ¿Qué significa un hombre lleno de barro?¿Es posible que una mujer colgada de un árbol tenga algún objetivo?
Luego de concluir mi crónica sin demasiado inconveniente recordé cual fue la consigna inicial de la entrevista, Arte y transformación e inmediatamente me pregunté ¿Es posible que el arte performance transforme algo en realidad?. No pude responder la pregunta.
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