Un ventanal envuelto con cortinas blancas y llenas de flores. El fuego de una vieja estufa da una sensación agradable a pesar del frío que puede sentirse a través de la ventana.
Mi madre se encuentra sentada frente a mí. Ni ella ni yo pronunciamos una sola palabra. La habitación parece conocida, se asemeja a aquella casa de mi infancia. Miro cada detalle para intentar comprender la escena, pero no lo logro. Tengo una profunda sensación de incertidumbre, no comprendo que hago allí, porqué regresé a ese lugar al que no quiero volver.
De repente aparece otro personaje al que no es posible verle el rostro, se encuentra de espaldas y con una capucha en su cabeza. Le pregunto a mi madre quién es ese hombre pero no me responde.
Comienzo a experimentar una gran angustia, un fuerte temor frente a esta situación tan confusa. El hombre continúa sin darse vuelta y mostrar su rostro a pesar de mi llamado. Observo detenidamente cada objeto tratando de identificar el lugar y de repente ya no parece ser la misma habitación. Esta vez se trata del living de mi nueva casa. Las paredes están pintadas de un color diferente pero aún así parece ser mi hogar. Un pequeño mueble lleno de retratos hace más familiar aún la habitación. Camino hacia esos cuadros para ver la imagen que hay en las fotos, pero no son aquellas que imaginé sino fotos de personas que no conozco. La escalera que conduce a las habitaciones se ve algo diferentes, sus escalones están cubiertos de una alfombra verde, como aquella que tenía cuando entre a la casa por primera vez.
Escucho ladridos de perros y me asomo por la ventana que se encuentra al final de la habitación. Busco a los animales pero no logro encontrarlos. De repente ya no se oyen y el silencio reina en el lugar. Dejo de mirar por la ventana y cuando giro mi cabeza me encuentro nuevamente con mi madre sentada en un extremo de la mesa junto a ese personaje misterioso al que no le he podido ver su rostro. Pregunto de quién se trata y esta vez recibo una respuesta de mi madre, que me dice que trata de mi hermano. ¿Qué hace ahí sentado y con esa capucha? Le pregunto. Me mira fijamente y sólo se sonríe. Dejo de sentir esa sensación de incertidumbre y el temor aumenta rápidamente. Comienzo a pronunciar el nombre de mi hermano repetidamente hasta que logro que gire su cabeza. Esta vez sí puedo verle el rostro y compruebo que se trata de él, aunque al parecer unos años más joven de lo que es actualmente. ¿Qué haces así? Le pregunto. “Mirá como me destrozaron la moneda” me dice. Su respuesta no hace más que confundirme. Sigo sin entender lo que sucede. ¿Qué moneda? ¿De qué hablas? Abre su mano y me muestra una moneda vieja, esas que ya no sirven y repite la misma frase “Mira como me destrozaron la moneda”. Trato de entender qué es lo que intenta decirme y miro a mi madre intentando encontrar respuesta, sin embargo sólo sonríe. La sensación de incertidumbre me invade. Me acerco a mi hermano y le repito “No te entiendo. ¿De qué hablas? Esa moneda no sirve. ¿Quién le hizo eso a la moneda? ¿Por qué estás así? Al no recibir respuestas, comienzo a ponerme nerviosa, su mirada me asusta. En ese mismo momento despierto con esa misma sensación de angustia, sin embargo comprendo la situación, se trataba sólo de un sueño.
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sábado, 21 de junio de 2008
lunes, 16 de junio de 2008
Memoria de un espacio.
Esa vieja casa
Las paredes agrietadas sostienen aquella vieja casa. Las maderas con un tímido barniz ocultan la humedad de los cimientos y debajo de ellas cientos de recuerdos de aquellas manos que una vez colocaron cada uno de sus ladrillos.
El viento se cuela por los espacios vacíos de aquella puerta, mientras tanto aquel hombre permanece sentado en la vereda viendo a la gente pasar con sus compras de domingo.
El sonido de las oscuras baldosas rompe el silencio que hace años no existió, mientras el tiempo es marcado por el sonido de un reloj colocado sobre aquel lintel. El hombre ingresa a la casa y el olor a tabaco rodea toda la habitación. El sonido de cada pitada va al compás del viejo reloj. Sigue caminando, cruza la casa con sus habitaciones convertidas en laberintos. Allí está el patio donde aquella niñez de antaño permanece impregnada en sus rincones. Un banco de madera con los clavos fuera de lugar parece ser el sillón más cómodo. El humo del asado de cada domingo me rodea, mientras tanto los gorriones cantan como lo hicieron siempre, parecen no saber que una ausencia nos invade.
Miro a mi alrededor, mientras escucho el ladrido de esos perros de la infancia. La imagen de ese hombre de ojos claros y mirada triste ha desaparecido. Las páginas de aquel viejo diario vuelan por el patio. Ya no tiene quien los lea. El banco de manera se encuentra vacío y el ladrido de los perros se ha callado.
La lluvia hace rechinar las viejas chapas que recubren la morada. Corro hacia la casa y cuando ingreso me convierto en esa niña que una vez fui. Vuelvo a sentir el aroma del tabaco que ya no está y busco en el silencio esa voz ronca que no se oye. Camino hacia la ventana y busco aquel hombre sentado en la vereda pero ya no está. El silencio de la muerte invade aquella casa y sus paredes parecen cada vez más agrietadas. Grito con todas mis fuerzas pero nadie me oye. Las habitaciones han cambiado, o quizás sean las mismas pero se ven vacías. Busco en esa silla, la que se encuentra en el extremo de la mesa, pero no hay nadie sentado en ella. Pienso que quizás haya llegado la hora la siesta, la de todos los domingos, pero no hay nadie en esa cama.
Las paredes continúan agrietadas y recubiertas de madera. El techo continúa en su lugar y ese banco todavía está en aquel patio, sin embargo esa casa ya no es la misma. Nunca lo será.
Las paredes agrietadas sostienen aquella vieja casa. Las maderas con un tímido barniz ocultan la humedad de los cimientos y debajo de ellas cientos de recuerdos de aquellas manos que una vez colocaron cada uno de sus ladrillos.
El viento se cuela por los espacios vacíos de aquella puerta, mientras tanto aquel hombre permanece sentado en la vereda viendo a la gente pasar con sus compras de domingo.
El sonido de las oscuras baldosas rompe el silencio que hace años no existió, mientras el tiempo es marcado por el sonido de un reloj colocado sobre aquel lintel. El hombre ingresa a la casa y el olor a tabaco rodea toda la habitación. El sonido de cada pitada va al compás del viejo reloj. Sigue caminando, cruza la casa con sus habitaciones convertidas en laberintos. Allí está el patio donde aquella niñez de antaño permanece impregnada en sus rincones. Un banco de madera con los clavos fuera de lugar parece ser el sillón más cómodo. El humo del asado de cada domingo me rodea, mientras tanto los gorriones cantan como lo hicieron siempre, parecen no saber que una ausencia nos invade.
Miro a mi alrededor, mientras escucho el ladrido de esos perros de la infancia. La imagen de ese hombre de ojos claros y mirada triste ha desaparecido. Las páginas de aquel viejo diario vuelan por el patio. Ya no tiene quien los lea. El banco de manera se encuentra vacío y el ladrido de los perros se ha callado.
La lluvia hace rechinar las viejas chapas que recubren la morada. Corro hacia la casa y cuando ingreso me convierto en esa niña que una vez fui. Vuelvo a sentir el aroma del tabaco que ya no está y busco en el silencio esa voz ronca que no se oye. Camino hacia la ventana y busco aquel hombre sentado en la vereda pero ya no está. El silencio de la muerte invade aquella casa y sus paredes parecen cada vez más agrietadas. Grito con todas mis fuerzas pero nadie me oye. Las habitaciones han cambiado, o quizás sean las mismas pero se ven vacías. Busco en esa silla, la que se encuentra en el extremo de la mesa, pero no hay nadie sentado en ella. Pienso que quizás haya llegado la hora la siesta, la de todos los domingos, pero no hay nadie en esa cama.
Las paredes continúan agrietadas y recubiertas de madera. El techo continúa en su lugar y ese banco todavía está en aquel patio, sin embargo esa casa ya no es la misma. Nunca lo será.
Notas de lector. Cuentos de Carver
En los cuentos de Carver nos encontraremos con diálogos comunes que en una primera impresión parecerían no tratar temas importantes. Sin embargo, en una segunda lectura nos daremos cuenta que no es así, a pesar de referirse a situaciones cotidianas o comunes, como puede ser la borrachera de un hombre bebiendo solo en su casa, con un grupo de amigos, o incluso de desconocidos.
Nota de lector. Nota al pie
Tal como lo dice su título las notas al pie en este relato tendrán una gran importancia dentro de la historia, al referirse a fragmento de una carta escrita por uno de los personajes centrales, que ha decidido concluir con su vida. El destinatario de esta carta no es otro que el hombre de una editorial que lo contrató hace algún tiempo y gracias a quien pudo dejar de lado su trabajo en la gomería. En este punto, volverán a recobrar importancia las notas al pie, ya que el haber sido borradas por el editor, es algo que el protagonista de este cuento jamás pudo perdonar.
Nota de lector. Oficios terrestres
En este cuento nos enfrentaremos a dos historias, ambas desarrolladas en el marco de un colegio de internados que se encuentra fuera de la ciudad. La historia número 1 estará dada por el relato de la fiesta que se dará en esta institución. La segunda historia, estará protagonizada por la sensación de soledad que estos niños huérfanos experimentan diariamente. Los Oficios Terrestres nos muestra la mirada de un grupo de niños, que a partir de la pérdida de sus padres se ven obligados a enfrentarse con responsabilidades y situaciones que no son habituales a su edad. El relato de esa fiesta nos muestra un momento de gran felicidad para esos niños, algo que no viven a diario y el final de ese día, narrado a partir del recorrido de dos chicos llevando un cajón repleto de basura, representa el fin de ese momento lleno de alegrías.
Nota de lector. Fotos
El cuento se encuentra atravesado por diferentes géneros como por ejemplo el epistolar que encontramos en el párrafo número ocho cuando se relata la carta que le escribe Estela a su hermano.
A continuación encontramos un fragmento de enseñanza, cuando se cuenta brevemente la vida de Lugones y en ese mismo párrafo se muestra cuál es el tema central en el cuento, la pregunta acerca de qué es el arte.
Más adelante, en el punto número doce, tenemos un fragmento de una poesía, o del proceso de escritura de ella.
Por último, también encontramos fragmentos del diario La Tribuna, y queda marcada la relación de clases sociales con el mismo.
La primer parte de la narración será realizada en tiempo pasado, sin embargo en el párrafo número dieciséis aparecerá el tiempo presente en el mismo.
A continuación encontramos un fragmento de enseñanza, cuando se cuenta brevemente la vida de Lugones y en ese mismo párrafo se muestra cuál es el tema central en el cuento, la pregunta acerca de qué es el arte.
Más adelante, en el punto número doce, tenemos un fragmento de una poesía, o del proceso de escritura de ella.
Por último, también encontramos fragmentos del diario La Tribuna, y queda marcada la relación de clases sociales con el mismo.
La primer parte de la narración será realizada en tiempo pasado, sin embargo en el párrafo número dieciséis aparecerá el tiempo presente en el mismo.
Nota de lector. Esa mujer
El relato está basando en una entrevista que el autor le realiza a “ese coronel de apellido alemán”. El autor comienza marcando la insignificancia de aquella mujer en su vida a la cual se referirán en la charla, sin embargo con el transcurrir del diálogo esa poca importancia no parece ser tal.
Realiza una descripción detallista, tanto del entrevistado y sus aparentes sensaciones, como del lugar en el que se encuentra.
Durante toda la narración el escritor mantiene el misterio acerca de los personajes, no dando más detalles cuando se refiere a “esos roñosos” o incluso al referirse a “esa mujer”. Lo que lleva a que el lector pudiera pensar que esa mujer es cualquier mujer y no aquella figura tan importante en la historia argentina.
Hay varios detalles en el relato que no permite definir si se trata de una historia ficcional, un hecho real o una mezcla de ambos.
Realiza una descripción detallista, tanto del entrevistado y sus aparentes sensaciones, como del lugar en el que se encuentra.
Durante toda la narración el escritor mantiene el misterio acerca de los personajes, no dando más detalles cuando se refiere a “esos roñosos” o incluso al referirse a “esa mujer”. Lo que lleva a que el lector pudiera pensar que esa mujer es cualquier mujer y no aquella figura tan importante en la historia argentina.
Hay varios detalles en el relato que no permite definir si se trata de una historia ficcional, un hecho real o una mezcla de ambos.
Nota de lector. El hombre que ríe
El cuento es relatado en tiempo pasado por un niño de nueve años, que nos cuenta su experiencia como integrante del Club de los Comanches y la historia de “El Jefe” John Gedsudki, quien los transportaba en un micro por las calles de New York. Este es uno de los personajes principales en la historia, ya que es el encargado de relatarle, a ese niño y el resto del grupo las historias acerca de El hombre que ríe, un súper-héroe. Más adelante en el cuento aparecerá un , se trata de la novia del Jefe, y al parecer la relación de ambos y la posterior ruptura tendrán mucho que ver con el final del relato que este hombre les narraba a diario a esos niños, convirtiéndose en una segunda historia dentro del propio cuento.
Nota de lector. Un día perfecto para el pez banana
El cuento es contado totalmente en tiempo pasado y se destaca una gran diferencia entre el principio y el final del mismo. En un comienzo la historia se basa en una simple conversación entre el personaje llamado Muriel y su madre, una charla que podríamos encontrar en cualquier familia tipo, con conflictos típicos. Con el transcurrir de la historia se genera una intriga acerca del esposo de Muriel, Seymour; sobre quien se deja entrever un problema psicológico como consecuencia de la guerra en la cual participó y de la que no se da demasiado detalle.
Al aproximarse el final del cuento habrá un cambio de escenario y de velocidad en la forma de contar la historia, llegando al punto culmine del suicido de Seymour sin dar demasiado detalle del contexto en el que esto sucede.
Al aproximarse el final del cuento habrá un cambio de escenario y de velocidad en la forma de contar la historia, llegando al punto culmine del suicido de Seymour sin dar demasiado detalle del contexto en el que esto sucede.
Reflexión discurso narrativo
A diferencia de la crónica, el discurso narrativo puede contar hechos reales o imaginarios e incluso ambas situaciones pueden encontrarse en una misma narración. Uno de los personajes más importantes dentro del género, sin duda es el narrador. Walter Benjamín nos dice con respecto a este punto, que está figura está prácticamente en extinción, siendo cada vez más difícil encontrar a alguien capaz de narrarnos algo. El mismo autor añade “el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. Y aunque hoy el «saber consejo» nos suene pasado de moda, eso se debe a la circunstancia de una menguante comunicabilidad de la experiencia”. No será fácil refutar este argumento ya que no hay dudas que con el correr de los años se ha perdido esa vieja costumbre, mucho más común entre la gente de campo, de transmitir experiencias a través de la narración de historias, en general, por parte de las personas mayores del pueblo o de la propia familia.
En contraste Alvarado y Yeannoteguy indican que no hay cultura que no organice el conocimiento en forma narrativa y no lo transmita a través de los relatos.
Por otra parte, Jerome Bruner sostiene que la narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsible y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación.
Acerca del cuento, Ricardo Piglia nos dice que siempre se contarán dos historias y que cada cuento es un relato que encierra un relato secreto.
Otra de las características del discurso narrativo, es la de contar los hechos de una forma más o menos organizada pudiendo ser contada en primer, segunda o tercera persona. Walter Benjamín, nos dice que narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas y casi nada de lo que acontece beneficia a la narración y casi todo a la información. Punto con el que muchos podemos estar de acuerdo.
En contraste Alvarado y Yeannoteguy indican que no hay cultura que no organice el conocimiento en forma narrativa y no lo transmita a través de los relatos.
Por otra parte, Jerome Bruner sostiene que la narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo previsible y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación.
Acerca del cuento, Ricardo Piglia nos dice que siempre se contarán dos historias y que cada cuento es un relato que encierra un relato secreto.
Otra de las características del discurso narrativo, es la de contar los hechos de una forma más o menos organizada pudiendo ser contada en primer, segunda o tercera persona. Walter Benjamín, nos dice que narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas y casi nada de lo que acontece beneficia a la narración y casi todo a la información. Punto con el que muchos podemos estar de acuerdo.
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