lunes, 16 de junio de 2008

Memoria de un espacio.

Esa vieja casa

Las paredes agrietadas sostienen aquella vieja casa. Las maderas con un tímido barniz ocultan la humedad de los cimientos y debajo de ellas cientos de recuerdos de aquellas manos que una vez colocaron cada uno de sus ladrillos.
El viento se cuela por los espacios vacíos de aquella puerta, mientras tanto aquel hombre permanece sentado en la vereda viendo a la gente pasar con sus compras de domingo.
El sonido de las oscuras baldosas rompe el silencio que hace años no existió, mientras el tiempo es marcado por el sonido de un reloj colocado sobre aquel lintel. El hombre ingresa a la casa y el olor a tabaco rodea toda la habitación. El sonido de cada pitada va al compás del viejo reloj. Sigue caminando, cruza la casa con sus habitaciones convertidas en laberintos. Allí está el patio donde aquella niñez de antaño permanece impregnada en sus rincones. Un banco de madera con los clavos fuera de lugar parece ser el sillón más cómodo. El humo del asado de cada domingo me rodea, mientras tanto los gorriones cantan como lo hicieron siempre, parecen no saber que una ausencia nos invade.
Miro a mi alrededor, mientras escucho el ladrido de esos perros de la infancia. La imagen de ese hombre de ojos claros y mirada triste ha desaparecido. Las páginas de aquel viejo diario vuelan por el patio. Ya no tiene quien los lea. El banco de manera se encuentra vacío y el ladrido de los perros se ha callado.
La lluvia hace rechinar las viejas chapas que recubren la morada. Corro hacia la casa y cuando ingreso me convierto en esa niña que una vez fui. Vuelvo a sentir el aroma del tabaco que ya no está y busco en el silencio esa voz ronca que no se oye. Camino hacia la ventana y busco aquel hombre sentado en la vereda pero ya no está. El silencio de la muerte invade aquella casa y sus paredes parecen cada vez más agrietadas. Grito con todas mis fuerzas pero nadie me oye. Las habitaciones han cambiado, o quizás sean las mismas pero se ven vacías. Busco en esa silla, la que se encuentra en el extremo de la mesa, pero no hay nadie sentado en ella. Pienso que quizás haya llegado la hora la siesta, la de todos los domingos, pero no hay nadie en esa cama.
Las paredes continúan agrietadas y recubiertas de madera. El techo continúa en su lugar y ese banco todavía está en aquel patio, sin embargo esa casa ya no es la misma. Nunca lo será.

Notas de lector. Cuentos de Carver

En los cuentos de Carver nos encontraremos con diálogos comunes que en una primera impresión parecerían no tratar temas importantes. Sin embargo, en una segunda lectura nos daremos cuenta que no es así, a pesar de referirse a situaciones cotidianas o comunes, como puede ser la borrachera de un hombre bebiendo solo en su casa, con un grupo de amigos, o incluso de desconocidos.

Nota de lector. Nota al pie

Tal como lo dice su título las notas al pie en este relato tendrán una gran importancia dentro de la historia, al referirse a fragmento de una carta escrita por uno de los personajes centrales, que ha decidido concluir con su vida. El destinatario de esta carta no es otro que el hombre de una editorial que lo contrató hace algún tiempo y gracias a quien pudo dejar de lado su trabajo en la gomería. En este punto, volverán a recobrar importancia las notas al pie, ya que el haber sido borradas por el editor, es algo que el protagonista de este cuento jamás pudo perdonar.

Nota de lector. Oficios terrestres

En este cuento nos enfrentaremos a dos historias, ambas desarrolladas en el marco de un colegio de internados que se encuentra fuera de la ciudad. La historia número 1 estará dada por el relato de la fiesta que se dará en esta institución. La segunda historia, estará protagonizada por la sensación de soledad que estos niños huérfanos experimentan diariamente. Los Oficios Terrestres nos muestra la mirada de un grupo de niños, que a partir de la pérdida de sus padres se ven obligados a enfrentarse con responsabilidades y situaciones que no son habituales a su edad. El relato de esa fiesta nos muestra un momento de gran felicidad para esos niños, algo que no viven a diario y el final de ese día, narrado a partir del recorrido de dos chicos llevando un cajón repleto de basura, representa el fin de ese momento lleno de alegrías.

Nota de lector. Fotos

El cuento se encuentra atravesado por diferentes géneros como por ejemplo el epistolar que encontramos en el párrafo número ocho cuando se relata la carta que le escribe Estela a su hermano.
A continuación encontramos un fragmento de enseñanza, cuando se cuenta brevemente la vida de Lugones y en ese mismo párrafo se muestra cuál es el tema central en el cuento, la pregunta acerca de qué es el arte.
Más adelante, en el punto número doce, tenemos un fragmento de una poesía, o del proceso de escritura de ella.
Por último, también encontramos fragmentos del diario La Tribuna, y queda marcada la relación de clases sociales con el mismo.
La primer parte de la narración será realizada en tiempo pasado, sin embargo en el párrafo número dieciséis aparecerá el tiempo presente en el mismo.

Nota de lector. Esa mujer

El relato está basando en una entrevista que el autor le realiza a “ese coronel de apellido alemán”. El autor comienza marcando la insignificancia de aquella mujer en su vida a la cual se referirán en la charla, sin embargo con el transcurrir del diálogo esa poca importancia no parece ser tal.
Realiza una descripción detallista, tanto del entrevistado y sus aparentes sensaciones, como del lugar en el que se encuentra.
Durante toda la narración el escritor mantiene el misterio acerca de los personajes, no dando más detalles cuando se refiere a “esos roñosos” o incluso al referirse a “esa mujer”. Lo que lleva a que el lector pudiera pensar que esa mujer es cualquier mujer y no aquella figura tan importante en la historia argentina.
Hay varios detalles en el relato que no permite definir si se trata de una historia ficcional, un hecho real o una mezcla de ambos.

Nota de lector. El hombre que ríe

El cuento es relatado en tiempo pasado por un niño de nueve años, que nos cuenta su experiencia como integrante del Club de los Comanches y la historia de “El Jefe” John Gedsudki, quien los transportaba en un micro por las calles de New York. Este es uno de los personajes principales en la historia, ya que es el encargado de relatarle, a ese niño y el resto del grupo las historias acerca de El hombre que ríe, un súper-héroe. Más adelante en el cuento aparecerá un , se trata de la novia del Jefe, y al parecer la relación de ambos y la posterior ruptura tendrán mucho que ver con el final del relato que este hombre les narraba a diario a esos niños, convirtiéndose en una segunda historia dentro del propio cuento.